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Introducción a la afectividad humana

Los Cuatro Amores

Encuentre contenido actualizado sobre el desarrollo de la estructura que da el amor, y las herramientas que aporta para el cumplimiento de los objetivos que Dios se ha propuesto con el ser humano.

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Pr. jorge enrique orejuela castillo

Pastor y consejero por más de 40 años. Graduado en Teología de la Facultad Latinoamericana de Estudios Teológicos. Médico cirujano graduado de la Universidad del Valle. Actualmente se desempeña como Presidente de la Junta de Presbíteros de la Iglesia Apostólica de Jesucristo - "Fe en Jesús" Comunidad Internacional.

Introducción a la afectividad humana.

Afectividad incluye lo que conocemos como amor y se evidencia su realidad en la revelación de Dios, es así como el elemento afectivo es decisivo en el programa de Dios con nosotros los seres humanos.

De este modo la persona descubre que todo lo que hay en ella y en su entorno es bueno y bueno en gran manera, cuando es correctamente interpretado y objetivamente aceptado. En otras palabras, un ser humano tiene posibilidades relacionales con las cosas, con las personas, con Dios y, esa posibilidad de relación puede ser buena o no buena, puede ser válida o no válida y en la medida en que se vaya perfeccionando y le vaya encontrando el lado válido al espacio relacional, produce en ese ser humano un nivel de realización, de modo que cada vez esa persona es más solvente, más feliz y le encuentra más sentido a la vida.

Entonces, si una persona comienza a vivir experiencias donde las personas o las cosas “le hacen daño” en los términos de su estructuración como persona, tiene un problema relacional que tiene que ver con inconvenientes desde su interior y esto basado en un principio de la fe judía que declara que Dios, al crear, vio que todo era bueno y bueno en gran manera (Génesis 1:31) y ese es el fundamento de un principio cristiano “Porque todo lo que Dios creó es bueno y nada es de desecharse si se toma con acción de gracias, porque por la Palabra de Dios y por la oración es santificado” (1 Timoteo 4: 4)

Podríamos decir, según el texto, que por la acción de gracias se santifica todo, porque es una actitud mental que capacita para ubicarse frente a todo, mirándolo desde la perspectiva de la buena voluntad, la generosidad y la bondad de Dios. Entonces la acción de gracias está dando a entender que lo que Dios colocó en el territorio de la vida tiene buen sentido, porque Dios no quiere hacer daño y el deber del ser humano es descubrir la bondad de eso con lo cual se está relacionado.

La afectividad en el ser humano es la condición que sustenta su capacidad relacional, permitiendo acercamientos o distanciamientos válidos o no válidos hacia personas, cosas y Dios.

La salvación se relaciona con una adecuada capacidad afectiva, pues una persona que se relaciona correctamente descubre bondad en su entorno y, a través de la acción de gracias y los principios bíblicos, santifica sus relaciones, encontrando sentido y realización plena en cada vínculo.

El principio bíblico es, pues, ser capaz de encontrar razones para darle gracias a Dios por todos nuestros espacios relacionales.

Este argumento ayuda a entender muy bien la idea del principio de la enseñanza Jesús que nos ordena amar al enemigo, pues lo que de fondo nos está pidiendo es que aprendamos a relacionarnos en forma edificante con él, pues es Dios quien ha permitido que aquella persona esté en esa relación, para que alcanzando un nivel de relación afectiva madura, nos edifiquemos y contribuyamos a su edificación. Esto es alcanzar una estructura de amor o la solvencia afectiva.

Por otro lado, el texto muestra que la Palabra de Dios santifica, porque da las pautas y los criterios para que el tipo de acercamiento que se haga sea válido, lo da la Escritura. Establecer las relaciones con el criterio que da la Biblia, permite que se disfrute la bondad de todo lo que Dios ha colocado al alcance de nuestras relaciones: las cosas, las personas y, definitivamente, Él mismo. Entonces, si se establece una relación objetiva aún con aquellas personas no bien dispuestas con nosotros, la Biblia nos reconoce como personas que amamos y somos bendición y bendecidos en esa relación.

Así mismo la oración es un elemento santificador porque ella estructura nuestra comunión con Dios y otorga un vínculo con Él, de modo que nos vamos identificando con Él, así que la percepción nuestra se va ajustando a los presupuestos que se revelan desde el interior de Dios.

Por todo esto, podemos decir que estamos dotados para hacer de toda nuestra esfera relacional una bendición y alcanzar por ella nuestra plena realización.

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